Disney ha hecho mucho daño (con todo el respeto para los grandes momentos que Disney ha dado por generaciones), convenciendo a las mujeres de que son princesitas esperando a un príncipe que las salve aún a riesgo de su vida. Y claro, eso también ha hecho mucho daño a los hombres que deben ser príncipes, pero seamos sinceras: es mejor imaginarte como un ser poderoso, valiente y rescatador aunque eso te suponga una alta auto-exigencia, que imaginarte como un(a) ser débil e incapaz de defenderse que necesita ineludiblemente a otra persona para que la rescate de los males que la acechan.

Es, sin lugar a dudas, una estrategia para perpetuar los roles de género que se edifican en nuestro autoconcepto desde que somos niñas y niños, y los dibujos animados son precisamente una de las mejores formas para inocular el virus, no sólo porque los vemos continuamente cuando somos pequeños/as, sino porque también las familias confían en sus valores y en su capacidad para educar.

Por eso, organizaciones como FCKH8, compañía de camisetas con mensajes anti racismo, anti sexismo y pro LGTB (y rompamos aquí una lanza por los mensajes en camisetas, que son una herramienta excelente de comunicación para el cambio social), crean campañas como esta genial “Princesitas groseras”, que más allá de usar muchas palabras malsonantes, pone de relieve la manera en que las niñas son adoctrinadas para soñar con ser mujeres rescatables, y no mujeres autosuficientes.

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